El IEPS que entra en 2026 no será un ajuste menor: será un reordenamiento silencioso del consumo cotidiano. No llega con discursos espectaculares ni con sobresaltos inmediatos en los mercados, pero sí con efectos directos en el bolsillo, especialmente en un contexto donde el ingreso real sigue presionado y la inflación de servicios se resiste a ceder.
Energéticos: el canal inflacionario permanente
Para 2026, el golpe más sensible vendrá por los energéticos. Las cuotas del IEPS a gasolinas y diésel continúan siendo uno de los principales canales de transmisión inflacionaria.
Aunque el gobierno puede suavizar el impacto con estímulos fiscales temporales, la realidad es clara:
cuando el IEPS se cobra completo, cada litro de combustible incorpora más de 6 pesos de impuesto, encareciendo no solo el transporte privado, sino toda la logística nacional.
Alimentos, mercancías, servicios y distribución terminan pagando la factura.
Bebidas azucaradas: más presión al gasto cotidiano
Otro ajuste relevante llegará en bebidas azucaradas, donde el impuesto específico por litro apunta a prácticamente duplicarse, pasando de niveles cercanos a 1.6 pesos por litro a más de 3 pesos.
No es un detalle menor:
se trata de productos de consumo recurrente, particularmente en hogares de ingresos medios y bajos.
El efecto esperado es doble:
- menor consumo formal
- mayor presión sobre el gasto mensual
La experiencia internacional y local es consistente: el consumo baja, pero la carga se concentra en quienes menos margen tienen.
Tabaco y alcohol: los grandes castigados
El tabaco seguirá siendo uno de los productos más gravados. En 2026, el IEPS mantiene:
- un componente específico por unidad
- una tasa ad valorem cercana al 160%
Esto implica que más de la mitad del precio final de una cajetilla es impuesto.
El alcohol no se queda atrás. Las tasas de IEPS van del 26.5% al 53%, dependiendo de la graduación alcohólica, impactando directamente:
- consumo en restaurantes
- bares
- eventos sociales
El problema de fondo: un impuesto regresivo
El problema estructural del IEPS no es su intención, sino su diseño.
Es un impuesto regresivo por naturaleza: cobra igual en porcentaje, pero duele distinto según el ingreso.
No distingue capacidad de pago y, en un entorno de desaceleración, termina funcionando como un ajuste automático al nivel de vida.
La pregunta incómoda
El IEPS 2026 vuelve a plantear una pregunta necesaria:
¿Estamos usando los impuestos para construir bienestar o solo para sostener recaudación?
Un impuesto selectivo puede ser una herramienta poderosa si financia:
- salud
- movilidad
- prevención
- oportunidades reales
Pero cuando solo se percibe como encarecimiento constante, erosiona confianza y normaliza la resignación.
Porque al final, el verdadero impacto del IEPS no se mide en la ley fiscal, sino en algo mucho más simple y profundo:
en lo que una familia deja de comprar para poder seguir pagando lo básico.

