El Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, cerró con un mensaje contundente: la economía global no enfrenta únicamente un ciclo de desaceleración, sino una transformación estructural marcada por tensiones geopolíticas, reconfiguración comercial, crisis energética y una carrera tecnológica sin precedentes. En la montaña más influyente del planeta, líderes políticos, banqueros centrales, empresarios y académicos coincidieron en un punto: el viejo orden económico ya no garantiza estabilidad.
Las conversaciones estuvieron dominadas por tres grandes ejes.
El primero fue la fragmentación global, con énfasis en el deterioro del multilateralismo y la consolidación de bloques económicos. Europa mostró preocupación por la pérdida de competitividad industrial ante el peso regulatorio interno y el encarecimiento energético, mientras Estados Unidos defendió su estrategia de reindustrialización, aunque bajo una lógica más proteccionista. La palabra clave fue “resiliencia”, pero en Davos se tradujo como: cada nación quiere blindar su economía, aun a costa del comercio global.
El segundo eje central fue la inflación persistente y el costo del dinero. Banqueros centrales reafirmaron que el regreso a tasas bajas será lento y condicionado: el mundo ha entrado a una era donde los riesgos geopolíticos, las presiones salariales y la transición energética mantienen elevadas las expectativas inflacionarias. El mensaje fue claro: el dinero barato fue la excepción histórica; lo nuevo es la disciplina financiera.
Finalmente, el tercer eje fue la revolución tecnológica, especialmente la Inteligencia Artificial, presentada no solo como innovación, sino como el factor que definirá competitividad nacional. Davos advirtió sobre el riesgo de desigualdad tecnológica: los países que no entren a la economía de datos quedarán atrapados en crecimiento débil y pérdida de productividad.
Para México, Davos deja señales estratégicas: el nearshoring sigue vivo, pero ya no es automático. Se requerirá certidumbre jurídica, infraestructura energética, seguridad y mano de obra especializada. En Davos se entendió que el mundo no busca sólo eficiencia: busca aliados confiables. Y en esa nueva geografía económica, el país tiene oportunidad… o riesgo.

