Cuando The Economist afirmó que Argentina fue la economía que más mejoró en 2025, no hablaba
de milagros, sino de dirección. Tras años de desequilibrios, el país logró una fuerte desaceleración
inflacionaria, un ajuste fiscal severo y un rebote del PIB estimado en torno al 4–5%, aunque todavía
con inflación elevada (30–40% anual) y tasas reales restrictivas. El mensaje es claro: la mejora no
está en el nivel, sino en la tendencia.
Pero Argentina no es un caso aislado. El crecimiento global 2025 muestra tres velocidades.
En China, el PIB avanza cerca del 4.5–5%, apoyado en estímulos fiscales selectivos y una política
monetaria flexible, con inflación cercana a 0.5–1%. El reto chino no es crecer, sino evitar la
deflación y reactivar confianza en consumo y sector inmobiliario.
Rusia mantiene crecimiento alrededor de 3%, impulsado por gasto público y sector energético,
pero con inflación superior al 7% y tasas de interés muy elevadas. Es una economía que crece bajo
presión, con estabilidad financiera sostenida más por control que por mercado.
En América Latina, México muestra un crecimiento moderado (~2–2.5%), inflación convergiendo
a 4% y una política monetaria todavía restrictiva. Banxico ha iniciado un giro gradual, pero el
verdadero motor sigue siendo externo: exportaciones y nearshoring, más que consumo interno.
Chile destaca por su ortodoxia: inflación controlada cerca de 3%, crecimiento modesto (~2%)
y un banco central que ya recortó tasas. Es estabilidad sin euforia, pero con credibilidad intacta.
En el bloque desarrollado, Estados Unidos sorprende con resiliencia: crecimiento cercano al
2%, inflación alrededor de 3% y una Reserva Federal que inició recortes graduales. El riesgo no
es recesión, sino sobrecalentamiento selectivo en servicios y activos financieros.
Perspectiva 2026
El verdadero ganador no será quien crezca más rápido, sino quien logre el equilibrio entre PIB
sostenible, inflación controlada y política monetaria creíble. 2025 marcó el punto de
inflexión: del miedo inflacionario al reto de crecer sin volver a perder el control. En ese tablero,
mejorar como Argentina puede ser más valioso que simplemente resistir.

