La Ley 73 del IMSS es, para muchos, la última puerta de un mundo que ya no existe: el de la pensión definida, calculada sobre el salario de los últimos años y respaldada por un Estado con base demográfica amplia.
Quien comenzó a cotizar antes de 1997 todavía puede elegir ese régimen si cumple semanas y edades; para el resto, la jubilación ya no es promesa, es proyecto personal.
Y ahí está el riesgo: creer que “me tocará” cuando, en realidad, “me tocará lo que construya”.
El cambio no es sólo legal: es civilizatorio. Pasamos de una pirámide poblacional que sostenía a los retirados a un rombo donde menos jóvenes financian a más adultos mayores.
La Ley 97 —cuentas individuales en AFORE— traslada el centro de gravedad: de la certidumbre presupuestal a la disciplina del ahorro, del “derecho” abstracto al “capital” concreto.
Las reformas recientes mejoraron aportaciones y bajaron el requisito de semanas, pero no resuelven la pregunta incómoda:
¿alcanzará para vivir con dignidad 20 o 30 años después del último sueldo?
Las nuevas generaciones necesitan otra mentalidad
Deben abandonar la fantasía del “papá gobierno” y adoptar la ética del inversionista prudente. Tres ideas guía:
1) Tasa de ahorro
El sistema funciona si el trabajador aporta más allá de lo obligatorio.
Meta realista: 10–15% del ingreso total, entre aportación obligatoria y voluntaria, desde el primer empleo.
No es castigo: es comprar libertad futura.
2) Horizonte y riesgo
El tiempo es el mayor activo de un joven.
Quien empieza a los 25 años puede tolerar volatilidad y capturar prima de riesgo en instrumentos diversificados.
La Siefore generacional es una base; encima, ahorro voluntario en vehículos de bajo costo, con rebalanceos automáticos y reglas simples (por ejemplo: aumentar 1 punto de ahorro cada año).
3) Múltiples fuentes
La pensión ya no es monolito: es portafolio.
AFORE + vivienda (con visión de renta y plusvalía, no sólo “casa-habitación”) + capital humano (habilidades que sigan generando ingresos después de los 60) + pequeños negocios o regalías digitales.
La dignidad del retiro se financia con flujos, no con recuerdos.
Para quienes aún aspiran a Ley 73
La tarea es quirúrgica:
- cuidar semanas,
- salario base y continuidad,
- evitar lagunas que diluyan el promedio,
- revisar topes y UMA,
- simular escenarios con asesoría independiente.
Para todos, el principio es el mismo: no delegues lo indelegable.
Una pensión suficiente no se improvisa a los 58; se cocina a fuego lento desde el primer recibo de nómina.
Un nuevo pacto intergeneracional
México necesita:
- educación financiera desde primaria,
- incentivos fiscales al ahorro de largo plazo,
- competencia real en comisiones y productos,
- y una cultura que celebre al que prevé, no al que “se la rifa”.
La Ley 73 fue un refugio; el futuro exige brújula.
Y la brújula es clara: ahorrar temprano, invertir con método y construir múltiples columnas de ingreso.
Lo contrario no es azar: es renunciar por adelantado a la vejez que mereces.
Reflexión final
“La Ley 73 ya caduca. Las nuevas generaciones no tendrán pensión asegurada.
Tendrán que trabajar su libertad desde el primer sueldo, porque la nueva jubilación se llama independencia.”

