El reciente posicionamiento del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) encendió una alerta que no debe tomarse a la ligera: la combinación de bajo crecimiento económico y elevados Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) podría tensionar la percepción de riesgo sobre la deuda soberana mexicana.
Hoy México enfrenta un entorno complejo. El crecimiento del PIB se ha desacelerado respecto a los años de recuperación postpandemia y las estimaciones para 2026 rondan niveles moderados. Al mismo tiempo, los RFSP —la medida más amplia del déficit público— se han ubicado por encima de 4% del PIB, un nivel que implica mayor necesidad de financiamiento y, por tanto, mayor presión sobre la deuda.
La deuda pública ampliada (Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público) ya supera el 48% del PIB, cuando hace apenas una década rondaba el 35%-40%. Si bien México aún mantiene grado de inversión por parte de agencias como Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch Ratings, el margen fiscal se ha reducido.
El problema no es únicamente el tamaño del déficit, sino su contexto. Un déficit superior al 4% del PIB puede ser sostenible si está acompañado de crecimiento robusto y aumento en la base tributaria. Sin embargo, cuando el dinamismo económico es limitado, el efecto es distinto: la razón deuda/PIB tiende a incrementarse más rápidamente, elevando el costo financiero. Actualmente, el costo de la deuda absorbe una proporción creciente del presupuesto federal, compitiendo con inversión pública, salud, infraestructura y seguridad.
El riesgo para la nota soberana no es inminente, pero sí latente. Las agencias calificadoras evalúan tres variables clave:
- Crecimiento
- Disciplina fiscal
- Estabilidad institucional
Una combinación prolongada de bajo crecimiento y déficit elevado podría traducirse en perspectiva negativa, lo que encarecería el financiamiento tanto para el gobierno como para empresas mexicanas.
México aún cuenta con fortalezas estructurales:
- Sistema bancario sólido
- Reservas internacionales robustas
- Autonomía del banco central
- Integración comercial estratégica bajo el T-MEC
Pero la disciplina fiscal en los próximos presupuestos será determinante.
Conclusión
La advertencia del IMEF no es alarmismo, es una llamada a la prudencia. El país no está en crisis, pero tampoco en zona de confort. El desafío es claro: consolidación fiscal sin frenar la inversión productiva.
Cuestionamiento final
¿Aprovecharemos este momento para corregir la trayectoria y fortalecer la credibilidad financiera de México, o esperaremos a que los mercados lo exijan con un mayor costo para todos?

