Cierre de ciclos

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Estamos cerrando este año 2025 y, como ocurre cada diciembre, aparece una necesidad casi instintiva de hacer balance. El “cierre de ciclos” se ha vuelto una frase popular, como si fuera un botón mágico que uno puede presionar justo antes de brindar con las uvas. Pero biológicamente hablando, cerrar un ciclo no es un acto simbólico, es un proceso adaptativo.

Desde la Desprogramación Evolutiva, cerrar ciclos no significa olvidar ni borrar lo vivido. El cerebro humano no está diseñado para archivar experiencias como carpetas ordenadas en un escritorio, sino para aprender de ellas. Como explico en Redefiniendo el inconsciente, el inconsciente no busca la felicidad, busca la supervivencia. No está diseñado para darnos lo que nos gusta, sino lo que necesitamos para adaptarnos. Y muchas veces, para acceder a lo que deseamos y nos hace sentir plenos, primero necesitamos trascender aquello que no hemos podido resolver. Por eso, un ciclo no se cierra cuando lo decretamos, se cierra cuando el aprendizaje queda integrado.

Aquí es donde conviene distinguir entre dolor y sufrimiento. El dolor es una respuesta natural ante la pérdida. Es inevitable y profundamente humana. El sufrimiento, en cambio, aparece cuando ese dolor no se procesa y la emoción queda reprimida o queda una decisión pendiente. Cuando un duelo no se cierra, no solo duele, se prolonga. No genera aprendizaje, deja la experiencia abierta.

Como explico en mi libro Redefiniendo el inconsciente, una emoción reprimida activa su primera herramienta de resolución: la repetición. No como castigo, sino como intento adaptativo. La vida vuelve a presentarnos situaciones similares, cambian los personajes y los escenarios, pero la emoción es la misma. El sistema está buscando una resolución diferente. Cuando la emoción finalmente se reconoce y se libera, el aprendizaje se integra y el ciclo se cierra de forma natural.

Paradójicamente, abrir nuevas oportunidades no depende de “empezar de cero”, sino de dejar de cargar información obsoleta. El cerebro funciona mejor cuando actualiza sus programas biológicos. Karl Friston lo explica desde la neurociencia con el principio de energía libre. El sistema busca reducir la incertidumbre ajustando sus modelos internos. Cerrar ciclos es exactamente eso. Ajustar el modelo.

El cierre real no suele ser espectacular ni inmediato. No siempre viene acompañado de alivio emocional o certezas claras. A veces es silencioso y doloroso. Se nota porque dejamos de reaccionar igual, porque la misma historia ya no se repite. Y si algo queda abierto, no pasa nada. La evolución nunca ha tenido prisa.


Ricardo Garza es autor del libro Redefiniendo el inconsciente, fundador de la Desprogramación Evolutiva y conferencista.
Puedes encontrarlo en redes sociales como @ricardogarzamx y en contacto@desprogramacionevolutiva.com.

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