Durante los últimos cinco años, el concepto de nearshoring se convirtió en el eje de la política industrial de México. Nuevo León, Coahuila, Chihuahua y Tamaulipas fueron presentados como los grandes ganadores de la relocalización de empresas que buscaban abandonar Asia para acercarse al mercado estadounidense. Sin embargo, esa narrativa comienza a quedarse corta. La verdadera competencia ya no es entre México y China; ahora también es entre México y los propios estados del sur de Estados Unidos.
Texas ha entendido que el nearshoring significa acercar las cadenas de suministro al consumidor final. Si ese consumidor está en Estados Unidos, producir dentro de Texas puede resultar más atractivo para numerosas empresas. Texas genera un PIB superior a 2.7 billones de dólares y cuenta con puertos, infraestructura ferroviaria, energía abundante, universidades de primer nivel y un ecosistema tecnológico consolidado.
Durante años, México construyó su ventaja competitiva sobre un costo laboral inferior al estadounidense. Sin embargo, la automatización y la inteligencia artificial reducen cada vez más el peso del salario dentro del costo total de producción. Hoy las empresas priorizan seguridad jurídica, energía, agua, infraestructura logística, talento especializado y estabilidad regulatoria.
Esto no significa que México haya perdido la carrera. Nuevo León y Coahuila mantienen un ecosistema industrial difícil de replicar, con cadenas de proveeduría integradas en sectores como automotriz, acero, electrodomésticos y manufactura avanzada. Esa concentración genera economías de escala que tardaron décadas en consolidarse.
El reto consiste en no depender únicamente de la mano de obra barata. Si México garantiza energía suficiente, agua, seguridad, infraestructura y certeza para la inversión, seguirá siendo un socio estratégico de Norteamérica. De lo contrario, una parte creciente de la inversión podría establecerse directamente en Texas. La competencia del futuro será por atraer innovación, investigación, desarrollo y manufactura de alto valor agregado. Quien construya el mejor ecosistema productivo liderará la siguiente etapa de la integración económica regional.

