Por Carlos Peña
El rugido del reciente lanzamiento de Starship, desde Starbase, Boca Chica, Texas, el 24 de julio de 2026, fue mucho más que un acontecimiento tecnológico. Mientras millones de personas seguían la transmisión, los mercados financieros, la industria aeroespacial y los gobiernos observaban el nacimiento acelerado de una nueva infraestructura económica global.
La misión confirmó avances en reutilización, capacidad de carga y despliegue de satélites. Aunque el regreso del propulsor presentó desafíos técnicos, el vuelo demostró que cada prueba reduce riesgos, disminuye costos y acelera el desarrollo comercial del sector.
De acuerdo con estimaciones de McKinsey y del World Economic Forum, la economía espacial podría superar los 1.8 billones de dólares hacia 2035. Telecomunicaciones, navegación, manufactura orbital, observación terrestre, defensa e inteligencia artificial impulsarán esta expansión.
La verdadera revolución consiste en abaratar el acceso al espacio. La reutilización de cohetes está transformando el modelo económico de la industria y abre oportunidades para empresas, universidades y países que antes no podían competir.
Para México, y especialmente para Nuevo León, se abre una oportunidad estratégica en manufactura avanzada, electrónica, materiales compuestos, automatización, software e inteligencia artificial. El auge del nearshoring también puede extenderse al sector aeroespacial.
La competencia del siglo XXI ya no será solamente por recursos naturales. También será por el dominio de los datos, las comunicaciones y el acceso al espacio. El lanzamiento de Starship simboliza el inicio de una nueva etapa económica con impacto global.
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