Mis padres y mi pareja

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Nos gusta pensar que elegimos pareja por amor, química o coincidencia. Que fue el destino, la suerte o una conexión especial. Sin embargo, cuando miramos con un poco más de honestidad, aparece un patrón inquietante. Cambian los nombres, cambian las caras, pero la historia se parece demasiado, demasiada familiaridad. Mismo tipo de conflicto, misma sensación de desgaste, mismo final.

Desde la Desprogramación Evolutiva, la elección de pareja no es libre ni casual. Es profundamente coherente con la historia emocional y biológica de nuestro clan familiar.

Debido a esta familiaridad, nuestra pareja suele activar programas que se formaron mucho antes de la primera cita, con papá y mamá. En la infancia aprendimos cómo se recibe el amor, cómo se pide atención, cómo se maneja el conflicto y qué lugar ocupamos en el vínculo. El inconsciente no busca felicidad, busca continuidad. Por eso nos atrae lo conocido, no necesariamente lo sano.

Muchas relaciones funcionan como intentos inconscientes de resolver asuntos pendientes con figuras importantes del pasado. Buscamos en la pareja lo que no llegó, lo que faltó o lo que dolió. A veces es aprobación, a veces es presencia, a veces es reconocimiento. El problema es que la pareja no viene a reparar la historia, viene a activarla.

Por eso los conflictos suelen ser desproporcionados. Una discusión cotidiana despierta una emoción antigua. No se pelea solo por lo que pasó hoy, se reacciona desde memorias emocionales mucho más viejas. El cuerpo no distingue tiempos. Responde como si aquella historia siguiera ocurriendo.

En Redefiniendo el inconsciente se explica que la repetición no es un error, es un intento de solución. El inconsciente repite porque cree que esta vez sí podrá cambiar el final. Cambia el escenario, cambia el personaje, pero el guion es el mismo. Y cuando no funciona, aparece la frustración, la decepción o la sensación de haber vuelto a equivocarse.

La atracción tampoco es inocente. No es solo gusto o deseo. Es reconocimiento. Algo en el otro activa programas conocidos. Nos sentimos cómodos en lo familiar, incluso cuando eso implica control, abandono, distancia o dependencia. La calma muchas veces no atrae porque no se parece a lo que aprendimos a llamar amor.

Cuando la relación avanza, la pareja deja de cumplir el rol esperado y aparece el conflicto. No porque alguien esté fallando, sino porque nadie puede sostener indefinidamente un papel que no le corresponde. La relación no fracasa, revela. Revela qué programas siguen activos y qué historias siguen pidiendo ser vistas.

Entender esto cambia por completo la mirada. La pareja deja de ser el problema y se convierte en información. No para culpar al pasado, sino para comprender por qué hoy duele lo que duele. Cuando se identifica el programa, la elección empieza a transformarse. No porque el amor se controle, sino porque el cuerpo deja de confundir familiaridad con seguridad.

Tal vez no se trata de encontrar a la persona correcta, sino de entender desde dónde elegimos. Porque cuando el programa cambia, la elección también.

Ricardo Garza es autor del libro Redefiniendo el inconsciente, fundador de la Desprogramación Evolutiva y conferencista.
Puedes encontrarlo en redes sociales como @ricardogarzamx y en contacto@desprogramacionevolutiva.com.

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