¿Alguna vez ha pasado por su cabeza la frase: “si lo que sé ahora lo hubiera sabido antes, no me hubiera pasado tal cosa”?
A mí sí. Aunque el “hubiera” no existe, es inevitable mirar atrás y preguntarnos qué habría cambiado. Pero la verdadera pregunta es otra: ¿de qué sirve la experiencia si no somos conscientes de que está en nosotros cambiar el rumbo?
Vale la pena detenernos a entender nuestra historia: de dónde venimos, por qué hacemos lo que hacemos y qué patrones seguimos repitiendo, aun cuando sabemos que no nos llevan al lugar donde queremos estar.
En las relaciones de pareja suele verse con claridad. Después de una ruptura decimos: “Esto no me vuelve a pasar”. Con el tiempo aprendemos, elegimos mejor y nos preguntamos: ¿Cómo no lo vi antes?.
La vida que vivimos hoy será el pasado del futuro. Lo que decidamos ahora puede convertirse en el próximo “hubiera” o en la prueba de que actuamos con mayor conciencia.
Antes de tomar una decisión, hazte estas preguntas:
- ¿Ya he vivido esto antes?
- ¿Estoy repitiendo un patrón?
- ¿Es el miedo quien decide?
- ¿Habla la necesidad o la confianza?
- ¿Me permito hacerlo diferente?
Las respuestas pueden ser reveladoras. Muchas veces descubrimos que nosotros mismos nos llevamos a lugares de los que culpábamos a otros.
No confundas impulso con fluir. El impulso nace del miedo; fluir nace de la conexión, la responsabilidad y la confianza.
Como dijo Mark Twain: “Hay dos días importantes en la vida: cuando naces y cuando descubres para qué.”
Y ese propósito solo aparece cuando nos atrevemos a salir del lugar donde el miedo nos ha mantenido.
¡Abrazos fuertes a tod@s!

