Ciro Manuel Rivera Manriquez.
CEO en EconValor
El fin de semana asistí a la conferencia de un buen amigo.
Durante un receso conocí a Omar, director de una comercializadora de autopartes con presencia en todo el país.
Mientras platicábamos me confesó algo que seguramente muchos dueños de PyMES también han pensado.
«Ciro, siento que cada semana aparece un problema nuevo. Cuando por fin resolvemos uno, llega otro.»
Sonreí.
Porque hace algunos años yo también pensaba que un buen líder era el que evitaba los problemas.
Hoy sé que estaba equivocado.
Los problemas siempre van a aparecer.
Un cliente cancela un pedido importante. Un proveedor incumple. Un colaborador comete un error. El mercado cambia sin avisar.
La diferencia nunca ha estado en el problema.
La diferencia está en la forma en que el líder responde.
Le compartí una experiencia que vivimos con uno de nuestros clientes.
Cada vez que surgía un imprevisto, la reunión comenzaba buscando culpables. Las voces subían de tono, aumentaba la tensión y el equipo salía con más miedo que claridad.
Decidimos cambiar completamente la dinámica.
- La primera regla fue aceptar que el problema ya había ocurrido. Buscar culpables no haría regresar al cliente ni entregaría el pedido a tiempo.
- La segunda fue cambiar una sola pregunta.
En lugar de preguntar: «¿Quién tuvo la culpa?», comenzamos a preguntar: «¿Qué podemos hacer a partir de este momento?»
La conversación cambió por completo.
Cuando el plan original dejó de funcionar, ajustamos la estrategia sin perder de vista el objetivo.
Y hubo algo que marcó la diferencia: el líder aprendió a transmitir calma.
Porque el equipo primero observa nuestra actitud… y después escucha nuestras palabras.
En pocas semanas dejaron de apagar incendios con desesperación y comenzaron a resolver problemas con inteligencia.
Le dije a Omar que podía empezar así desde su siguiente junta:
- Aceptar el imprevisto.
- Preguntar por soluciones, no por culpables.
- Cambiar la estrategia cuando sea necesario, pero nunca el objetivo.
- Y recordar que la serenidad también se contagia.
Antes de despedirnos me dijo que pondría en práctica estas ideas con su equipo esa misma semana.
Estoy convencido de algo.
Los mejores líderes no son los que viven menos problemas.
Son los que convierten cada obstáculo en una oportunidad para fortalecer a su equipo.
En el medallero (oro, plata, bronce), ¿qué tanto te identificas con la historia?
Cuando tu equipo de capacita, tu negocio se capitaliza!
El medallero

