Arranca el año y llegan los propósitos. O mejor dicho, los despropósitos. Porque muchos no son nuevos, solo vienen con fecha actualizada. Cambia el año, cambia el cuaderno, pero la lista se repite. Ahora sí voy a lograrlo, decimos, mientras alguna parte interna ya sabe que esta historia no es nueva.
Bajar de peso, ahorrar, ganar más dinero, hacer ejercicio. Los clásicos. No porque estén mal planteados, sino porque suelen ignorar algo esencial. No todos los propósitos fallan por la misma razón. Algunos tropiezan con bloqueos y otros son arrastrados por impulsos automáticos. Desde la Desprogramación Evolutiva, distinguir entre ambos cambia por completo la forma de mirarlos.
Bajar de peso, por ejemplo, rara vez es solo una cuestión de fuerza de voluntad. Muchas personas no fallan por falta de información, sino porque existe un impulso biológico que empuja a comer en momentos de ansiedad o estrés. Comer no aparece como obstáculo, aparece como alivio. Estudios en neurociencia han mostrado cómo el cerebro utiliza la comida como regulador emocional cuando percibe amenaza. Aquí no hay bloqueo, hay un impulso de supervivencia que sigue activo.
Ahorrar dinero suele jugar en otro terreno. Hay personas que quieren hacerlo, lo intentan, pero algo siempre lo impide. Desde la Desprogramación Evolutiva, esto suele relacionarse con bloqueos ligados al merecimiento o al miedo inconsciente a tener. Tener dinero implica responsabilidad y visibilidad. Si internamente se asocia a peligro o culpa, el sistema frena. Quieres ahorrar, pero no puedes. Eso es un bloqueo.
Hacer ejercicio es interesante porque muchas veces se vive como bloqueo cuando en realidad es ausencia de impulso. No todos los cuerpos están programados para moverse por placer. Desde la biología evolutiva, el movimiento surgía para huir, cazar o explorar. Gastar energía sin una razón clara no era adaptativo. Si no hay amenaza, objetivo o recompensa emocional, el cuerpo interpreta el ejercicio como gasto innecesario y no activa el impulso. No es flojera, es un programa ancestral de ahorro de energía.
Aquí aparece una confusión común. Un bloqueo es cuando lo intentas y no lo logras. Hay intención, pero algo frena. El programa, en cambio, empuja. No es algo que intentas hacer, es algo que haces casi sin darte cuenta. Comer cuando estás ansioso o evitar el movimiento cuando no hay urgencia no se sienten como obstáculos, se sienten naturales.
Por eso hay propósitos que se repiten año tras año. No siempre fallan por falta de ganas, sino porque detrás hay bloqueos que frenan o programas que empujan en automático. El inicio del año no necesita más disciplina, sino más comprensión. Entender qué intentas y no logras, y qué haces sin querer, suele ser el verdadero punto de partida para un cambio real.
Ricardo Garza es autor del libro Redefiniendo el inconsciente, fundador de la Desprogramación Evolutiva y conferencista. Puedes encontrarlo en redes sociales como @ricardogarzamx y en contacto@desprogramacionevolutiva.com.

