domingo, febrero 15, 2026

Evolución y psicología

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La psicología moderna suele presentarse como algo muy sofisticado, lleno de escáneres cerebrales y términos en inglés, pero si rascamos un poco aparece un ancestro común bastante más antiguo. La evolución. Esa vieja conocida que no solo explica por qué tenemos pulgar o muelas del juicio, sino también por qué discutimos en pareja, por qué nos cuesta cambiar hábitos o por qué el miedo aparece justo cuando menos lo invitamos.

Desde la mirada evolutiva, la mente no se diseñó para hacernos felices, sino para mantenernos vivos. Esto no es una opinión pesimista, es una observación bastante práctica. Nuestros sistemas emocionales se moldearon durante miles de generaciones en contextos donde sobrevivir era más urgente que autorrealizarse. El estrés, la ansiedad o la necesidad de pertenecer no son fallos del sistema, son funciones adaptativas que en su momento tuvieron mucho sentido.

Charles Darwin ya intuía algo de esto cuando hablaba de la continuidad entre especies. No solo heredamos huesos y órganos, también heredamos formas de reaccionar. La psicología moderna, especialmente desde la neurociencia y la psicología evolutiva, ha ido confirmando esa intuición. Autores como Robert Sapolsky explican cómo el estrés crónico es el resultado de un cerebro preparado para amenazas puntuales viviendo en un mundo de preocupaciones constantes. Nuestro cuerpo sigue creyendo que el problema es un depredador, aunque ahora se llame hipoteca o WhatsApp sin responder.

La Desprogramación Evolutiva entra aquí como una lupa amable. No busca pelearse con la mente, sino entenderla en su contexto biológico. Cuando una persona reacciona de forma automática, exagerada o repetitiva, muchas veces no es porque esté rota, sino porque está funcionando con programas antiguos en entornos nuevos. Como usar un software del Paleolítico en un smartphone emocional.

La psicología moderna aporta herramientas para observar pensamientos, regular emociones y comprender conductas. La evolución aporta la pregunta clave. Para qué sirvió esto. Cuando unimos ambas miradas, dejamos de patologizar lo humano y empezamos a comprenderlo. El miedo deja de ser un enemigo, la culpa una señal y la ansiedad un mensajero algo torpe pero bien intencionado.

Quizá la verdadera evolución psicológica no consista en eliminar nuestras respuestas automáticas, sino en reconocerlas, agradecerles el servicio y decidir conscientemente si aún las necesitamos. Al final, seguimos siendo animales muy sofisticados, con cerebros brillantes y emociones que a veces llegan sin avisar. ¿Y si en lugar de luchar contra eso, empezamos por entenderlo?

Ricardo Garza es autor del libro Redefiniendo el inconsciente, fundador de la Desprogramación Evolutiva y conferencista. Puedes encontrarlo en redes sociales como @ricardogarzamx y en contacto@desprogramacionevolutiva.com.

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