Los sacrificios que hacen los padres por los hijos es imposible enumerarlos. Basta con mencionar que cada día sueñan con darles aquello que no tuvieron, buscando que tengan una mejor vida.
Te voy a recordar —si es que no lo traes a la mente— los sacrificios que tus padres hicieron por ti. Pero antes dime: ¿cómo hicieron cuando, en muchos casos, sin educación, sin experiencias profesionales, incluso sin medios de transporte, salían cada día de casa con un solo objetivo: traer el sustento para pagar las necesidades de sus hijos?
¿Cuáles?
Listas de útiles escolares, medicinas, alimentos, servicios básicos, diversiones, entre muchas otras cosas.
¿Recuerdas quién estuvo en tus primeros pasos y tomaba tu mano para que no cayeras? ¿Quién te alimentaba cuando no podías sostener la cuchara? ¿Quién te llevaba al parque a pasear y hacía las tareas contigo en tus primeros años? Cuando te enfermabas, ¿quién se desvelaba toda la noche y al día siguiente, sin quejarse, sacaba fuerzas de no sé dónde y, con una sonrisa, ahí estaba para lo que necesitaras?
Se quedaron muchas veces con ganas de aquello que sabían no podían tener, solo para que a ti no te faltara lo que te gustaba. No los escuchabas hablar de problemas económicos porque siempre encontraron la forma de resolver. Incluso cuando ya eras un hombre o una mujer y te casabas, ahí estaban listos para ayudarte sin esperar nada a cambio; solo buscaban tu felicidad.
Entonces te pregunto:
¿Por qué los abandonaste en su vejez?
¿Qué hicieron mal para que ahora no quieras saber nada de ellos? ¿Acaso crees que sabes más por ser joven? ¿O que no los puedes atender porque tienes mucho trabajo, juntas, problemas laborales o porque en tu tiempo libre quieres divertirte porque “te lo mereces”, ya que para eso trabajas y es justo?
¿Crees que te piden demasiado ahora que están viejos y solos?
Lo único que esperan es oír la chapa de la puerta girar y que entren los nietos corriendo, gritando: “¡Abuelos, ya llegamos!”. Y detrás de ellos, sus más grandes orgullos: sus hijos, con una enorme sonrisa, buscando los brazos de sus padres y recordando el calor de hogar.
No te piden más que una llamada o un mensaje diciendo: “Hola papá, ¿cómo está mamá? Nosotros estamos bien, no se preocupen. Más tarde pasamos a visitarlos”. Pero tu mundo o tu vida no te lo permiten y no te organizas para hacerlo.
El ser humano que aún tiene a sus padres es maravillosamente bendecido, aunque muchas veces no se da cuenta. Sin embargo, el día que tus viejos se van y empiezas a extrañarlos, te das cuenta de lo que perdiste y de aquello que dejaste de hacer.
Deja a un lado el orgullo, la vanidad y el estatus social. Regresa a ser ese niño o niña y disfruta de tus padres en vida.
Una realidad alarmante en México
En México, dejar solos a los adultos mayores es un fenómeno preocupante. Según datos del INEGI, en 2022:
- 1.7 millones de adultos mayores viven solos, sin pareja.
- 2 millones viven con pareja, pero en situación de aislamiento o abandono.
- 82 % vive diversos grados de pobreza extrema, abandono o incluso violencia familiar.
Muchos enfrentan condiciones socioeconómicas precarias y problemas graves de salud: usan sillas de ruedas, andadores o viven con enfermedades incapacitantes. Se presentan casos de suicidio, depresión derivada de la soledad, atención médica inexistente o incompleta, así como despojo de bienes por parte de familiares o terceros. Estas y otras situaciones los afectan cotidianamente.
La respuesta legal del Estado
Ante estos fenómenos, el Estado ha decidido actuar y aplicar penas de 1 a 4 años de prisión a quien abandone a un adulto mayor, con agravantes cuando exista daño físico o mental. Estas medidas se aplican principalmente a quienes tienen la obligación directa de cuidado, es decir, familiares.
Código Penal Federal (México):
- Artículo 335: Castiga a quien abandone a un adulto mayor, teniendo obligación de cuidarlo, con penas de un mes a cuatro años de prisión si no hay daño, aumentando cuando existe perjuicio.
- Artículo 337: Establece que el delito se persigue de oficio.
Agravante por edad (Artículo 301 Bis 8, Código Penal de Nuevo León):
Las sanciones por conductas delictivas como abandono o violencia se agravan hasta en una mitad cuando la víctima es un adulto mayor de 60 años.
Una pregunta final
Sin embargo, queridos lectores, les hago una pregunta:
¿Acaso es necesario que la autoridad me obligue a cuidar a mis padres en su vejez, cuando ellos lo dieron todo para que hoy sea la persona que soy?
Saludos,
Juan Rodríguez Martínez
Mtro. en Derecho

