Juan José Rosado Robledo
De un cumplimiento uniforme al enfoque basado en riesgos
El sistema de prevención de lavado de dinero en México ha experimentado una transformación estructural en los últimos años, transitando de un modelo de cumplimiento homogéneo hacia uno sustentado en el Enfoque Basado en Riesgos (EBR). Este cambio responde a la necesidad de alinear la regulación nacional con los estándares internacionales emitidos por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), del cual México forma parte de este grupo, apoyándose particularmente en la Recomendación 1, que establece que los países deben identificar, evaluar y comprender sus riesgos de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo, aplicando medidas proporcionales a dichos riesgos.
En México la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita (LFPIORPI) es el principal instrumento normativo aplicable a las denominadas actividades vulnerables, imponiendo obligaciones de identificación, reporte y control para sectores no financieros que pueden ser utilizados para el ocultamiento o la canalización de recursos ilícitos. Con la reforma se va mas allá de un sistema de cumplimiento a un enfoque basado en riesgos.
Que es el Enfoque Basado en Riesgos según el GAFI.
El Enfoque Basado en Riesgos (EBR) constituye uno de los pilares centrales del sistema internacional de prevención de lavado de dinero. De ahí se basa que los sujetos obligados deben:
- Identificar los riesgos inherentes a sus operaciones, clientes y productos.
- Evaluar la probabilidad e impacto de dichos riesgos.
- Implementar controles proporcionales y adecuados.
- Monitorear continuamente las operaciones y actualizar sus evaluaciones.
Este modelo rompe con la lógica tradicional de “cumplir por igual en todos los casos”, para sustituirla por una lógica de priorización de recursos conforme al nivel de riesgo.
La adopción del este enfoque implica que las organizaciones deben de cambiar en la forma de cumplir sus obligaciones, dejando de llenar formatos o presentar avisos, sino que debe conocer a fondo el contexto del cliente, la naturaleza de la operación y los posibles riesgos de uso indebido de la actividad económica.
La LFPIORPI y la incorporación del enfoque basado en riesgos.
La LFPIORPI establece obligaciones específicas para quienes realizan actividades vulnerables. Estas obligaciones se centraban en la identificación del cliente, la integración de expedientes y la presentación de avisos ante la autoridad cuando se superaban determinados umbrales.
Las reformas recientes han fortalecido el enfoque basado en riesgos, llevando a los sujetos obligados a que adopten un modelo preventivo integral que contemple:
- Evaluación de riesgo por tipo de cliente, producto y canal de operación.
- Identificación del Beneficiario Controlador como elemento esencial del análisis de riesgo.
- Clasificación de operaciones inusuales, relevantes o internas preocupantes.
- Implementación de políticas y procedimientos diferenciados según el nivel de riesgo detectado.
Actividades vulnerables el punto central del riesgo no financiero
Uno de los aspectos más relevantes del fortalecimiento del EBR en México es su impacto directo en las actividades vulnerables, las cuales representan un punto crítico para la prevención del lavado de dinero fuera del sistema financiero tradicional. Sectores no Financieros han sido identificados por el GAFI como áreas susceptibles de ser utilizadas para integrar recursos ilícitos a la economía formal.
Partiendo de esta situación, el enfoque basado en riesgos obliga a estos sectores a adoptar una visión preventiva más robusta, que incluya:
- La segmentación de clientes por perfil de riesgo.
- La verificación del origen lícito de los recursos.
- El análisis de estructuras corporativas complejas o de difícil trazabilidad.
- La identificación de operaciones que no guarden congruencia con el perfil económico del cliente.
Yendo hacia un modelo preventivo integral
La convergencia entre los estándares del GAFI y la LFPIORPI se observa en la creciente exigencia de adoptar políticas internas de prevención basadas en riesgo, así como en la necesidad de documentar las decisiones tomadas en materia de cumplimiento. No se trata únicamente de identificar operaciones que superen umbrales legales, sino de evaluar integralmente el contexto económico y corporativo de cada transacción.
Las empresas deben estar preparadas para integrar matrices de riesgo PLD, manuales internos actualizados, programas de capacitación continua y mecanismos de control interno que permitan demostrar a la autoridad que el riesgo ha sido identificado, evaluado y mitigado oportunamente. De esta manera, el enfoque basado en riesgos se convierte en un elemento clave de defensa legal y reputacional frente a eventuales auditorías o una posible investigacion.
La responsabilidad corporativa y penal
El fortalecimiento del EBR no solo tiene implicaciones administrativas, sino también corporativas y penales. La falta de implementación de controles adecuados puede derivar en responsabilidades para los administradores, oficiales de cumplimiento y, en ciertos casos, para la propia persona moral.
En escenarios de opacidad corporativa, simulación de operaciones o falta de identificación del beneficiario final, el riesgo de vinculación con el delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita se incrementa considerablemente. Por ello, el enfoque basado en riesgos es la figura que actúa como un mecanismo esencial para demostrar la debida diligencia empresarial y evitar imputaciones por falta de control interno o por tolerancia a operaciones sospechosas.
El enfoque basado en riesgos y el cumplimiento moderno
Para las actividades vulnerables, este cambio implica asumir un rol activo en la prevención para llevar a cabo la identificación y mitigación de riesgos, adoptando controles diferenciados y proporcionales a la naturaleza de sus operaciones.
Las empresas deberán demostrar, mediante evidencia documental y análisis continuo, que comprenden sus riesgos y que han implementado medidas razonables para prevenir el uso indebido de sus actividades. Solo así podrán enfrentar con solidez los retos que plantea el combate al lavado de dinero.

