Las oportunidades suelen estar donde otros solo ven problemas.
Ahí es donde puedes convertirte en una opción.
¿Te ha pasado que escuchas a alguien quejarse de algo que, para ti, tiene una solución sencilla? El reto es no dejarse arrastrar por la crisis, la carencia o el drama, sino atreverse a ser parte de la solución, aunque eso implique ir contra corriente.
Hace poco conocí a dos ingenieros que decidieron emprender, consiguieron recursos cuando parecía imposible y comenzaron atendiendo ellos mismos su negocio: uno en la parrilla y otro mesereando. Dejaron el título a un lado y encontraron una nueva forma de salir adelante.
Me pregunto qué habría pasado si se hubieran aferrado a su profesión. Tal vez hoy no tendrían el éxito que comenzó con un par de cervezas, decisión y el valor de cambiar de rumbo.
Como ellos, hay muchas personas que se atreven. Esa es la clave: dar el paso, dejar el «no se puede» por el «lo voy a intentar». No ver posibilidades no significa que no existan; muchas veces nuestras creencias limitan más que la realidad.
Me inspiran quienes transforman los obstáculos en oportunidades. Claro que sienten miedo, pero es más grande su deseo de crear que la frustración de esperar una oportunidad. Sí se puede, pero primero hay que atreverse… sin pretextos.

