La falacia del perdón

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El perdón suele presentarse como una meta emocional. Algo que hay que lograr para sanar, para avanzar, para estar en paz. Curiosamente, pocas veces se pregunta si el cuerpo está de acuerdo con esa idea.

Desde la Desprogramación Evolutiva, el perdón no es un proceso natural del inconsciente. Es una construcción moral, cultural y profundamente racional. El inconsciente no perdona porque no juzga, no decide quién hizo bien o mal. El inconsciente solo registra experiencias y activa respuestas de protección cuando algo se parece a una amenaza conocida, de algo que me genera incomodidad y sufrimiento, una amenaza a mi tranquilidad.

Por eso muchas personas dicen “ya perdoné”, pero el cuerpo sigue reaccionando. Se activa la incomodidad, la distancia, la tensión o incluso el síntoma físico. No porque haya mala voluntad, sino porque el sistema nervioso no entiende de discursos, entiende de seguridad.

Aquí aparece una confusión importante. Creemos que el problema es no haber perdonado, cuando en realidad lo que sigue activo es una memoria de peligro. El rencor, tan mal visto socialmente, no es una falla emocional. Es una alarma. Es la forma que tiene el cuerpo de decir “esto ya ocurrió y no fue seguro”. No está ahí para castigar al otro, está ahí para protegerte a ti.

En Redefiniendo el inconsciente se plantea algo incómodo pero liberador. El perdón no sana, lo que sana es la liberación de la emoción inicial y la comprensión profunda del para qué ocurrió una experiencia. Cuando el sistema entiende que ya no está en riesgo, la respuesta se desactiva sola. No por obligación, sino por falta de necesidad.

Muchas veces se exige el perdón como una forma elegante de silenciar el dolor. “Perdona para soltar”, “perdona para estar bien”. Pero el cuerpo no suelta porque se lo ordenen, suelta cuando entiende y cuando ya no tiene la emoción impresa.

Hay personas que pasan años intentando perdonar a un padre, una pareja, una traición. Y cuanto más lo intentan, más lejos se sienten de lograrlo.

Cuando se logra comprender el sentido y se libera la emoción, el perdón deja de ser una meta. No hay que trabajarlo, no hay que forzarlo, no hay que decretarlo.

Entender para qué y eliminar la emoción libera más que perdonar porque devuelve al cuerpo la sensación de control. Deja de sentirse víctima de una historia y empieza a verse como parte de un proceso adaptativo.

Tal vez el verdadero descanso no está en perdonar a quien nos hirió, sino en dejar de vivir como si aún estuviéramos en ese momento. No se trata de soltar al otro, sino de comprender que para el inconsciente no existe la línea temporal y todo es un presente continuo en donde vivimos el pasado con la misma intensidad del ahora.

Y eso no se logra con frases bonitas ni con represión emocional. Se logra cuando el cuerpo entiende el para qué.


Ricardo Garza es autor del libro Redefiniendo el inconsciente, fundador de la Desprogramación Evolutiva y conferencista. Puedes encontrarlo en redes sociales como @ricardogarzamx y en contacto@desprogramacionevolutiva.com.

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