Ciro Manuel Rivera Manriquez.
CEO en EconValor
“El medallero”
Esta semana platiqué con Óscar, un amigo que dirige una empresa de consultoría financiera para clientes que quieren invertir en el extranjero.
En algún momento de la conversación me dijo: “Ciro, lo más difícil ya no es conseguir clientes. Es conseguir gente buena… y lograr que se quede.”
Esa frase podría haberla dicho cualquier dueño de PyME.
Capacitas a alguien, comienza a dominar el puesto y justo cuando esperas que dé resultados… renuncia.
Y otra vez a reclutar, capacitar y empezar de cero.
Óscar pensaba que el problema era imposible de resolver porque las empresas grandes podían ofrecer mejores sueldos y prestaciones.
Le dije algo que también hemos aprendido trabajando con otros empresarios:
No siempre puedes ganar la guerra del sueldo. Pero sí puedes ganar la guerra del liderazgo.
Le conté el caso de un cliente que sufría una rotación constante. En lugar de asumir que “la gente ya no quiere comprometerse”, hicimos tres cambios.
- Primero, comenzamos a preguntar antes de que renunciaran. Una vez al mes los líderes tenían conversaciones breves con su gente: ¿Qué te está frustrando? ¿Qué necesitas para hacer mejor tu trabajo? ¿Qué podría hacer que buscaras otra empresa?
- Segundo, identificamos a las personas clave y construimos con ellas una ruta de crecimiento. No necesariamente una promoción inmediata, sino nuevas responsabilidades, aprendizaje y claridad sobre lo que podían alcanzar.
- Tercero, trabajamos con los jefes. Porque puedes tener un gran ambiente y un sueldo competitivo, pero un mal líder puede destruir ambos. Les enseñamos a dar retroalimentación, reconocer avances, escuchar y desarrollar personas.
La rotación comenzó a disminuir.
No porque mágicamente pagáramos más.
Sino porque la gente empezó a encontrar más razones para quedarse.
Le resumí a Óscar la estrategia:
- Escucha antes de perderlos.
- Desarrolla antes de que se aburran.
- Reconoce antes de que se sientan invisibles.
Ciro Manuel Rivera Manriquez.
CEO en EconValor
“El medallero”
Y forma líderes por los que valga la pena quedarse.
Porque cuando alguien bueno renuncia, no solo pierdes a una persona. Pierdes conocimiento, productividad, tiempo y dinero.
Quizá la pregunta no sea únicamente: “¿Dónde consigo gente buena?”
Tal vez deberíamos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para que la gente buena quiera quedarse?
En el medallero (oro, plata, bronce), ¿qué tanto te identificas con la historia?
Cuando tu equipo de capacita, tu negocio se capitaliza…

