La inflación en México volvió a colocarse en el centro del debate económico tras ubicarse en 4.53% anual durante la primera quincena de abril. A simple vista, el dato parece una buena noticia: una desaceleración frente a meses previos y una señal de que las presiones sobre los precios comienzan a moderarse. Sin embargo, un análisis más profundo revela un panorama menos optimista.
El nivel de 4.53% sigue por encima del objetivo del Banco de México, que es de 3% con un margen de variación de un punto porcentual. Es decir, aunque la inflación baja, aún no se encuentra en terreno de estabilidad. Más aún, la desaceleración fue menor a la esperada por el mercado, lo que indica que los factores inflacionarios siguen presentes y no han sido completamente contenidos.
Los datos duros muestran que la inflación subyacente continúa mostrando resistencia. Esto es particularmente relevante, ya que refleja presiones estructurales en la economía, como costos de servicios, salarios y rentas. En otras palabras, no se trata solo de choques temporales, sino de inercias que podrían prolongar el proceso de desinflación.
Por otro lado, la inflación no subyacente ha sido más volátil, influida por ajustes en productos agropecuarios y energéticos. Este comportamiento errático complica la lectura general y limita el margen de maniobra de la política monetaria. Aun así, el dato abre la puerta a considerar un segundo recorte consecutivo en la tasa de interés, actualmente en niveles restrictivos cercanos al 11%.
El dilema es claro: recortar tasas podría estimular la actividad económica, pero hacerlo prematuramente podría reavivar presiones inflacionarias. En un entorno global incierto, con tensiones geopolíticas, volatilidad en energéticos y ajustes en cadenas de suministro, el margen de error es reducido.
Para los hogares mexicanos, la percepción dista de los indicadores técnicos. A pesar de la desaceleración, el costo de vida sigue elevado. Productos básicos, transporte y servicios continúan presionando el bolsillo, lo que genera una sensación de que la inflación no baja, aunque los datos digan lo contrario.
Conclusión
México avanza en la dirección correcta, pero aún no llega a destino. La inflación desacelera, sí, pero lo hace con fragilidad. La política monetaria deberá actuar con precisión para evitar tanto un freno económico innecesario como un rebrote inflacionario.
En este equilibrio delicado se jugará no solo la estabilidad de precios, sino la confianza de consumidores e inversionistas.

