Ciro Manuel Rivera Manriquez
CEO en EconValor
El jueves pasado, en la sesión de egresados de la universidad, me encontré con Jesús. Gerente de una fábrica de maquinados, más de 50 colaboradores, presencia en todo México. De esos perfiles que, en papel, ya “la hicieron”.
Platicamos de liderazgo. Le conté cómo un cliente había logrado ordenar a su equipo con algo tan simple, y tan difícil como sostener decisiones con claridad. Jesús se enganchó. Se le veía motivado.
“Lo voy a aplicar en mi siguiente junta”, me dijo.
Pero mientras hablábamos, me soltó algo que me hizo detenerme:
“Arranco bien… pero luego escucho otras ideas y cambio. Y luego otra vez. Y otra. Y el equipo ya no sabe ni qué estamos haciendo.”
No era falta de capacidad. Era algo más peligroso: falta de consistencia.
Le puse un ejemplo directo:
“Definen una estrategia el lunes… y el miércoles ya estás proponiendo otra completamente distinta, sin explicar por qué. ¿Qué crees que pasa en tu equipo?”
Silencio.
Esto es más común de lo que parece. Creemos que cambiar de opinión constantemente es ser flexibles. En realidad, muchas veces es falta de enfoque. Y el equipo lo resiente: se confunde, se desgasta… y deja de confiar.
Le propuse algo muy claro:
• No comuniques decisiones en caliente. Date al menos 24 horas. Cuestiónate: ¿esto resuelve el problema real o solo estoy reaccionando?
• Si vas a cambiar de rumbo, explica el porqué. No asumas que el equipo “lo entiende”. Dilo. Justifícalo. Dale contexto.
• Documenta tus decisiones clave. Escríbelas. Revísalas semanalmente. Eso te obliga a ser consistente… y evita que te contradigas sin darte cuenta.
Jesús se quedó pensando.
“Creo que mi equipo ya no sabe cuándo voy en serio…”, me dijo.
Y ahí está el punto.
No es que tu equipo no entienda.
Es que tú no estás siendo claro.
No es que falte talento.
Falta dirección.
El medallero
Porque cuando un líder cambia de opinión sin claridad, no demuestra apertura… demuestra duda.
Y un equipo que percibe duda, deja de avanzar con certeza.
La buena noticia: esto se corrige. Pero requiere intención, disciplina… y liderazgo real.
En el medallero (oro, plata, bronce), ¿qué tanto te identificas con la historia?
Cuando tu equipo se capacita, tu negocio se capitaliza…
“El medallero”

