Hacienda entregó el Paquete Económico 2027 en un momento delicado para México: una economía que todavía muestra debilidad, un margen fiscal reducido y un entorno internacional marcado por tensiones comerciales y la revisión del T-MEC. El Gobierno plantea un crecimiento del PIB de entre 1.5% y 2.5% para 2027, mientras los analistas mantienen una visión más prudente. La diferencia importa porque el presupuesto se construye sobre una expectativa de recuperación que deberá convertirse en ingresos reales.
El eje central es la consolidación fiscal. Hacienda busca reducir el déficit amplio a 3.9% del PIB. No es una cifra crítica frente a otras economías, pero sí exige disciplina: cada peso adicional de deuda debe traducirse en infraestructura, productividad o capacidad de crecimiento. El problema no es únicamente cuánto debe México, sino qué obtiene a cambio del endeudamiento.
El desafío está en aumentar ingresos sin una reforma fiscal de gran calado. Hacienda proyecta ingresos tributarios de alrededor de 6.2 billones de pesos, equivalentes a 15.9% del PIB, apoyándose en mayor fiscalización, combate a la evasión y modificaciones al ISR. El combate al huachicol fiscal también puede recuperar recursos. Sin embargo, la eficiencia recaudatoria tiene límites. Si México quiere financiar mayores necesidades sociales e inversión, tendrá que discutir tarde o temprano una ampliación estructural de su base tributaria.
Aquí está una de las principales advertencias de los expertos. El Centro de Estudios Económicos de Banamex considera difícil reducir el déficit público amplio por debajo de 4% sin ajustes mayores. Especialistas de la UNAM también advierten que pensiones, programas sociales y otros gastos rígidos reducen el margen de maniobra. La ecuación es compleja: recaudar más, gastar mejor, reducir déficit y preservar inversión al mismo tiempo.
Otro factor será el sector externo. México depende profundamente de Estados Unidos, por lo que la revisión del T-MEC será determinante para inversión, exportaciones y empleo manufacturero. Si aumenta la certidumbre comercial, el crecimiento de 2.5% puede ser alcanzable. Si regresan las presiones arancelarias, ese escenario podría resultar demasiado optimista.
Para las familias, un presupuesto ordenado puede contribuir a reducir presiones sobre las tasas, fortalecer la confianza y mantener estable el peso. Hacienda estima una inflación cercana a 3% y un tipo de cambio de alrededor de 18 pesos por dólar. Pero la verdadera prueba será que esa estabilidad se convierta en crédito accesible, inversión, empleo formal y mayor poder adquisitivo.
Mi lectura es que el Paquete Económico 2027 debe juzgarse menos por la cifra de crecimiento y más por la calidad del ajuste fiscal. México conserva fortalezas importantes: deuda manejable, sistema financiero sólido y una posición estratégica en Norteamérica. Pero esas ventajas no son permanentes. La prueba será demostrar que México puede reducir el déficit sin caer en austeridad improductiva y crecer sin depender de supuestos demasiado optimistas. El objetivo no debe ser simplemente cuadrar las cuentas públicas, sino convertir la disciplina fiscal en inversión, productividad y crecimiento potencial. Ahí estará la verdadera diferencia entre administrar la economía y transformar su futuro.

