Ciro Manuel Rivera Manriquez
CEO en EconValor
La semana pasada fui a un curso sobre los códigos de la felicidad. Y curiosamente… terminé hablando de algo muy distinto: líderes agotados.
En uno de los descansos me encontré con Ernesto, un amigo que dirige una empresa que fabrica cocinas y ya tiene cinco sucursales en México.
Se veía cansado.
Mientras tomábamos café me dijo algo que escucho demasiado seguido:
“Ciro… siento que si yo no empujo las cosas, nada se mueve.”
Y lo dijo con frustración. No con orgullo.
Me contó que cuando sale de viaje o se enfoca en temas estratégicos, los proyectos se frenan, las decisiones se retrasan y todos parecen esperar instrucciones.
“Es como si la empresa se quedara sin gasolina cuando yo no estoy.”
Ahí estuvo el verdadero problema.
No era falta de talento. Era exceso de dependencia.
Le pregunté algo incómodo:
“Ernesto… ¿tu equipo trabaja contigo o trabaja alrededor de ti?”
Se quedó callado.
Porque muchos líderes, sin darse cuenta, formamos seguidores… no líderes.
Centralizamos decisiones por costumbre, por desconfianza o porque creemos que “nadie lo hará igual”. Y aunque al principio eso parece eficiencia… después se convierte en un cuello de botella.
Le compartí lo que habíamos aplicado con otro cliente semanas antes.
• Primero, identificamos a dos personas con potencial de liderazgo. No les delegamos tareas… les delegamos responsabilidad, criterio y confianza. Les explicamos el impacto real de sus decisiones y los acompañamos sin resolverles todo.
• Después hicimos algo simple pero poderoso: en las juntas dejamos de preguntar “¿alguna duda?” y empezamos a preguntar:
“¿Quién quiere liderar este punto?”
“¿Qué proponen ustedes?”
“El medallero”
Ciro Manuel Rivera Manriquez
CEO en EconValor
Parece pequeño. Pero cambia completamente la dinámica.
El equipo deja de esperar instrucciones y empieza a pensar.
• Finalmente, comenzamos a reconocer públicamente cualquier iniciativa. Aunque no fuera perfecta. Porque cuando un líder solo corrige errores, el equipo aprende a esconderse. Pero cuando reconocemos la iniciativa, el equipo aprende a actuar.
Semanas después, ese cliente logró algo que parecía imposible: los proyectos seguían avanzando aunque el dueño no estuviera encima de todos.
Y eso no solo liberó tiempo.
Liberó crecimiento.
Porque una empresa que depende demasiado del dueño… tarde o temprano se convierte en una cárcel disfrazada de negocio.
Ese día Ernesto se fue motivado. Pero sobre todo, se fue reflexionando.
Tal vez el verdadero liderazgo no es ser indispensable.
Tal vez el verdadero liderazgo es lograr que las cosas también funcionen cuando tú no estás.
En el medallero (oro, plata, bronce), ¿qué tanto te identificas con la historia?
Cuando tu equipo de capacita, tu negocio se capitaliza…

