Ciro Manuel Rivera Manríquez
CEO en EconValor
“Mi equipo no está comprometido.”
Eso me dijo Adolfo este lunes, mientras tomábamos café. Fundador de una firma fiscal con más de 50 consultores en México. Inteligente, disciplinado, exitoso… y frustrado.
“Les pido puntualidad, orden, seguimiento… pero no pasa”, me dijo.
Le hice una sola pregunta:
“¿A qué hora llegas tú a las juntas?”
Se quedó en silencio.
Y ahí empezó todo.
Adolfo no tenía un problema de compromiso en su equipo. Tenía un problema de ejemplo.
Porque aunque no lo digan… el equipo siempre está observando.
Y peor aún: está copiando.
Si tú llegas tarde, ellos entienden que no pasa nada.
Si tú te quejas, ellos validan que es normal.
Si tú no cumples, ellos aprenden que las reglas son opcionales.
Ese es el error más común: creer que por ser el líder tienes permiso de romper las reglas.
Pero el liderazgo no se impone… se modela.
Tres acciones simples (pero incómodas)
• Elegir una conducta clave y vivirla sin excepción.
No “a veces”. No “cuando se pueda”. Todos los días.
Si quieres puntualidad, llega antes que todos. Punto.
• Pedir retroalimentación real.
No del que te aplaude, sino del que se atreve a decirte la verdad.
Esa conversación duele… pero transforma.
• Hacerse una pregunta antes de actuar:
“¿Esto que voy a hacer inspira o desanima a mi equipo?”
Si no inspira, no lidera.
Semanas después, Adolfo me escribió:
“No cambié a mi equipo… cambié yo. Y el equipo empezó a cambiar solo.”
El fondo del mensaje
Tu equipo no hace lo que dices.
Hace lo que ve.
Y esa puede ser la mejor o la peor noticia para tu liderazgo.
Porque si hoy no te gusta lo que ves en tu equipo… probablemente es un reflejo de lo que estás modelando.
Para reflexionar
En el medallero (oro, plata, bronce), ¿qué tanto te identificas con la historia?
Cuando tu equipo se capacita, tu negocio se capitaliza.
“El medallero”

