Todos adquirimos compromisos: una mascota, un trabajo, un deporte o un proyecto. Muchas veces aceptamos sin saber qué vamos a enfrentar ni cuánto tendremos que entregar.
Piensa en una mascota: primero aparecen las ganas. Ves videos de perros jugando bajo la lluvia y decides adoptar. Pero el video no muestra las heces, la tierra ni las rutinas que cambiarán. Cuando llega la realidad, ¿qué haces?
Antes de comprometerte, considera tres cosas:
- MADUREZ. Tener ganas no es lo mismo que comprometerse. Investiga, analiza qué requerirá y sé honesto con tu tiempo y disposición. Las ganas son efímeras; el compromiso implica responsabilidad, esfuerzo y convicción. Tu vida cambiará. Si no sabes cómo hacerlo, pide ayuda.
- ESFUERZO. Un proyecto es un reto. Si quieres abrir un restaurante, no pienses solo en clientes y éxito: habrá compras, horarios, personas, inversión y sacrificios. Sin trabajo, paciencia y perseverancia, no se concretan.
- COMPROMISO. Se vale equivocarse y descubrir que algo no resultó como esperabas. La diferencia está en asumirlo responsablemente. Si el perro creció y tu casa ya no es adecuada, buscarás un lugar mejor; si el restaurante no funciona, tomarás otra decisión. Lo importante es saber que diste todo.
Estamos hechos para crecer, crear e innovar. Antes de dar el siguiente paso, piensa, estudia y analiza: ¿esto es algo a lo que estás dispuest@ a darle atención, esfuerzo y compromiso, o solo es un antojo?

