A los mexicanos nos encanta el chisme.
No sé si más que al resto del mundo y tampoco pienso iniciar una competencia internacional para averiguarlo, pero basta una comida familiar para comprobar que tenemos cierto entrenamiento.
Quién anda con quién. Quién se divorció. Quién dejó de hablarle a quién. Quién llegó con coche nuevo y, por supuesto, la pregunta antropológica fundamental.
¿Y de dónde sacó para pagarlo?
Podemos criticar el chisme todo lo que queramos, pero los seres humanos llevamos miles de años hablando de personas que no están presentes.
Y quizá existe una razón.
El psicólogo Nicholas Emler ha estudiado el chisme como una forma de información social. Hablar sobre otros nos permite conocer reputaciones y anticipar cómo podrían comportarse personas que no hemos observado directamente.
Para nuestros antepasados eso tenía enorme valor.
Si alguien compartía alimento, cumplía acuerdos o engañaba sistemáticamente, convenía saberlo antes de comerciar, cooperar o formar una alianza con él.
Investigaciones recientes mediante modelos evolutivos muestran que intercambiar información sobre la reputación puede favorecer la cooperación bajo determinadas condiciones.
Pero hay un detalle maravillosamente humano.
Un experimento publicado en 2025 encontró que nuestros propios intereses pueden influir en qué información transmitimos y con qué precisión.
No solamente contamos historias.
También las editamos.
Desde la Desprogramación Evolutiva podemos plantear que nuestra curiosidad por la vida ajena no necesariamente nace de la frivolidad. Una mente profundamente social necesita construir mapas de confianza, reputación y riesgo.
Lo verdaderamente nuevo es la escala.
Antes nos enterábamos de lo que había hecho alguien de nuestra comunidad. Hoy conocemos divorcios, infidelidades y pleitos de personas que viven a seis mil kilómetros y que jamás veremos.
El cerebro conserva el interés por la reputación.
Las redes sociales simplemente ampliaron el vecindario.
Así que la próxima vez que alguien diga “no te lo cuento por chisme”, probablemente esté diciendo una frase con varios miles de años de historia.
La pregunta interesante es otra.
¿Por qué nos importa tanto saber qué hacen los demás?
Ricardo Garza es autor de Redefiniendo el inconsciente y El algoritmo del dinero, fundador de la Desprogramación Evolutiva y conferencista. Puedes encontrarlo en redes sociales como @ricardogarzamx y en contacto@desprogramacionevolutiva.com.

