El dinero caro vuelve a tocar la puerta

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Por Carlos Peña | Columnista

Estados Unidos vuelve a enfrentar una señal incómoda para su economía: la tasa de la hipoteca fija a 30 años alcanzó 7.60%, de acuerdo con Mortgage News Daily, mientras Freddie Mac ubicó el promedio semanal en 7.28%, su nivel más alto en casi tres años.

No es solamente un problema inmobiliario. Es una fotografía del costo que los mercados están exigiendo por prestar dinero a largo plazo.

La presión viene principalmente del mercado de bonos. El rendimiento del Treasury a 10 años, referencia fundamental para las hipotecas, permanece elevado ante una economía estadounidense que conserva dinamismo y una inflación que todavía no converge plenamente hacia el objetivo de 2% de la Reserva Federal. Reuters reportó que el rendimiento del bono alcanzó niveles cercanos a máximos de casi 25 años.

El impacto ya aparece en los números. La Mortgage Bankers Association reportó una caída de 5% semanal y 14% anual en las solicitudes para comprar vivienda. Al mismo tiempo, el encarecimiento del financiamiento comienza a obligar a los vendedores a negociar: 20.8% de las propiedades en venta redujeron su precio en septiembre, de acuerdo con datos de Realtor.com.

El problema es estructural. Millones de estadounidenses mantienen hipotecas contratadas durante la época de tasas ultrabajas. Cambiar de vivienda implica, en muchos casos, abandonar créditos cercanos al 3% o 4% para asumir financiamientos superiores al 7%. Esa diferencia reduce la movilidad del mercado y puede mantener contenidos tanto las operaciones como la construcción residencial.

Para un crédito de 400 mil dólares a 30 años, una tasa cercana a 7.5% representa un pago aproximado de 2,800 dólares mensuales, solamente por capital e intereses. El costo financiero termina convirtiéndose en una variable determinante para decidir si una familia puede o no comprar una vivienda.

¿Qué significa para México?

La transmisión hacia México puede darse por varias vías. Tasas estadounidenses altas pueden mantener elevados los rendimientos internacionales, fortalecer el atractivo relativo del dólar y generar presión sobre monedas emergentes, incluido el peso. Al mismo tiempo, un entorno de tasas externas más altas puede limitar el espacio de Banco de México para reducir agresivamente su tasa de referencia sin aumentar las presiones cambiarias.

Para empresas y consumidores mexicanos, esto significa que el costo internacional del dinero seguirá siendo una variable estratégica. Crédito hipotecario, financiamiento empresarial, inversión y tipo de cambio pueden resentir una prolongación de tasas estadounidenses elevadas.

Conclusión

El 7.60% hipotecario es mucho más que una cifra inmobiliaria. Es una señal de que el mercado todavía exige una prima importante por prestar a largo plazo. La verdadera variable que habrá que vigilar no será solamente la próxima decisión de la Fed, sino el comportamiento del Treasury a 10 años. Si los rendimientos permanecen altos, el dinero seguirá siendo caro, aun cuando la Fed reduzca tasas.

Y en un mundo financiero interconectado, cuando Estados Unidos cambia el precio del dinero, México termina pagando parte de la factura.

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