Vendiendo ideas

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Hace poco me contactó una persona para pedirme asesoría. Me dedico a la comunicación creativa y ayudo a mis clientes a mejorar la conexión con los suyos con ideas y estrategias.

Esta persona habló maravillas de mi trabajo. Acordamos precio y comenzamos el proceso, pero nunca llegó el primer pago. Ahí aparece esa delgada línea del proveedor: confías en que te pagarán mientras tú ya trabajas. Llegamos a la fase 2 de 5, y yo estaba entre ser empática y defender mi trabajo y valor. Entonces pensé: ¿qué es más importante, él o yo?

Promuevo el #juntospodemos, pero sentía que ese “juntos” no era recíproco. Decidí detenerme hasta ver claro el pago. Le hice saber que ambos debíamos dar pasos. Después desapareció. Entiendo las crisis, pero ¿ghostear así? Pensé que me había salido barato, porque con alguien así quién sabe cuánto más se puede perder.

Pero se puso “piors”. Un externo me mostró que usaba mi cuestionario y material con sus clientes. La página era un parapeto: tenía una empresa y hacía lo mismo que yo. Primero me dio coraje; después decidí verlo como un halago, aunque en realidad se sintiera como un robo de ideas.

Aprendí algo: un creativo puede generar nuevas ideas, así que renové mis propuestas y establecí una regla: no doy un solo paso sin un solo peso. Se trata de valor y respeto mutuo.

Sigo creyendo en sumar, hacer equipo y ayudar, incluso si alguien no puede pagar, pero hablando con la verdad y buscando cómo hacer que la energía regrese.

¿A ustedes les ha pasado?

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