No quiero lo que tienes, quiero saber si voy bien

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Hay días en los que uno está bastante satisfecho con su vida hasta que abre Instagram. Desayunaste tranquilo, tienes trabajo, algunos proyectos y hasta dormiste bien. Entonces aparece alguien de tu edad que acaba de comprar una casa, correr un maratón y viajar a Japón. Cinco minutos antes estabas bien. Ahora sientes que vas tarde.

Solemos llamar envidia a esa incomodidad, pero compararnos cumple una función más interesante. También utilizamos a los demás para saber dónde estamos.

Leon Festinger propuso hace décadas que, cuando no tenemos criterios objetivos para evaluarnos, recurrimos a otras personas como referencia. Miramos alrededor para responder preguntas que pocas veces formulamos conscientemente. ¿Voy bien? ¿Estoy atrasado? ¿Debería haber logrado más a esta edad?

Un metaanálisis publicado en 2025 por Thole Hoppen y sus colegas, que reunió 79 ensayos con más de 1.3 millones de participantes, encontró que recibir información sobre lo que hacen otros puede modificar nuestro comportamiento, aunque los efectos encontrados fueron pequeños.

Tiene lógica. Para una especie profundamente social, observar al grupo ha sido una manera eficiente de obtener información. El problema moderno quizá no sea compararnos, sino tener demasiadas personas disponibles para hacerlo.

Antes nuestras referencias eran relativamente pocas. Hoy podemos desayunar comparando nuestro cuerpo con un atleta, nuestro negocio con un multimillonario y nuestras vacaciones con alguien que aparentemente vive permanentemente en Santorini.

Desde la Desprogramación Evolutiva podemos plantear una interpretación. Tal vez parte del malestar ante el éxito ajeno no significa que deseemos su vida. Nuestro sistema podría estar intentando recalcular nuestra posición.

El otro se convierte en coordenada.

Y ahí aparece el riesgo. Podemos confundir una referencia con un deseo. Alguien compra una casa y sentimos que deberíamos comprar una. Alguien cambia de trabajo y empezamos a cuestionar el nuestro. No apareció necesariamente un deseo. Apareció una comparación.

La próxima vez que el éxito de alguien te incomode, quizá la pregunta no sea por qué le tienes envidia. ¿Realmente quieres lo que esa persona tiene o solamente necesitas saber si tú vas bien?

Ricardo Garza es autor del libro Redefiniendo el inconsciente, fundador de la Desprogramación Evolutiva y conferencista. Puedes encontrarlo en redes sociales como @ricardogarzamx y en contacto@desprogramacionevolutiva.com.

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